Data centers en México conectados a infraestructura eléctrica, subestaciones y sistemas de energía
El crecimiento de los data centers en México plantea nuevos retos de energía, agua, transmisión, almacenamiento e infraestructura eléctrica.

Data Centers en México: Energía, Agua y la Batalla por los MW

La batalla por los megawatts: data centers, energía y el futuro digital de México

Los data centers en México están pasando de ser una infraestructura tecnológica poco visible a convertirse en una cuestión de política energética, industrial, hídrica y territorial.

México quiere atraer miles de millones de dólares en centros de datos e inteligencia artificial y aprovechar su cercanía con Estados Unidos, su plataforma manufacturera y el crecimiento de la economía digital. Sin embargo, detrás de “la nube” existe una infraestructura extraordinariamente física: electricidad, subestaciones, líneas de transmisión, transformadores, sistemas de respaldo, agua, territorio, fibra óptica y miles de millones de dólares de inversión.

Por eso, la discusión ya no debería reducirse a si México tiene o no suficiente electricidad para recibir más centros de datos. La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Bajo qué condiciones debería México convertir electricidad, agua, territorio e infraestructura en capacidad computacional para la economía digital?

Responderla obliga a seguir los megawatts, pero también el agua, el dinero público, el capital privado, los empleos, los impuestos, los servidores y, finalmente, las utilidades.

Porque sólo entonces podremos contestar la pregunta que atraviesa toda esta investigación:

¿A quién le conviene cada nuevo megawatt digital?


Cómo leer esta investigación

Este artículo combina documentos oficiales, información de empresas, declaraciones públicas, estadísticas, fuentes periodísticas y análisis propio.

Para evitar mezclar hechos con opiniones distinguimos entre datos comprobados, respaldados por documentos oficiales o fuentes primarias; declaraciones, que representan la posición de quien las emite; controversias, donde existen versiones o interpretaciones diferentes; preguntas abiertas, para las cuales todavía no encontramos información pública suficiente; y propuestas, que corresponden a conceptos desarrollados en esta investigación.

Entre estas últimas se encuentran la Productividad del Megawatt, la Contabilidad del Megawatt, la Mega-Sustentabilidad Territorial, la Retención Nacional del Megawatt y la categoría propuesta de Megacarga Estratégica. Ninguna de ellas debe confundirse con una figura regulatoria actualmente existente.

Esta investigación podrá actualizarse cuando aparezca información que permita precisar, complementar o corregir sus conclusiones.


De una entrevista sobre energía a una pregunta mucho mayor

Esta investigación comenzó después de escuchar una entrevista de Carmen Aristegui con Guillermo García Alcocer, expresidente de la Comisión Reguladora de Energía, acerca del crecimiento de los centros de datos y sus requerimientos energéticos.

La pregunta inicial parecía sencilla:

¿México tiene suficiente energía para los data centers que pretende atraer?

Sin embargo, al seguir los datos apareció un problema mucho más complejo. Hablar de “tener energía” puede significar cosas completamente diferentes.

México puede disponer de generación suficiente en términos agregados y, al mismo tiempo, no tener cientos de megawatts entregables inmediatamente en Querétaro, Monterrey u otra región determinada.

Ahí comienza realmente esta historia.


Tener electricidad no significa tener megawatts entregables

Un sistema eléctrico no funciona como un enorme depósito nacional del cual simplemente pueden retirarse megawatts. La electricidad debe recorrer una cadena física:

Generación → Transmisión → Transformación → Subtransmisión → Subestaciones → Distribución → Centro de carga.

Además, deben cumplirse condiciones de confiabilidad, estabilidad, cortocircuito, protección, potencia reactiva, calidad de energía, redundancia y contingencia.

Por eso, preguntar “¿México tiene energía?” resulta insuficiente.

La pregunta técnicamente relevante es:

¿Cuántos MW adicionales puede conectar México, dónde, cuándo, con qué confiabilidad y a qué costo?

Esta diferencia explica por qué dos afirmaciones aparentemente contradictorias pueden ser ciertas simultáneamente: México puede disponer de energía suficiente a escala nacional mientras un desarrollador espera años para obtener capacidad eléctrica en una ubicación específica.

CENACE ya estudia las grandes cargas

México no parte de cero. El Centro Nacional de Control de Energía realiza estudios para determinar las condiciones de conexión de centros de carga al Sistema Eléctrico Nacional.

Por tanto, el problema no es que México carezca de estudios eléctricos. El nuevo desafío es la escala, concentración y velocidad de algunas de las cargas que está produciendo la economía digital.

Una instalación de 20 MW distribuida dentro de una región industrial no produce necesariamente el mismo impacto que un campus digital que pretende concentrar cientos de megawatts en un solo punto.

Del mismo modo, 1 GW concentrado no equivale eléctricamente a cien instalaciones de 10 MW distribuidas por el país.

La geografía importa.


CloudHQ: cuando el megawatt se convierte en política pública

En septiembre de 2025, el Gobierno Federal anunció una inversión de aproximadamente US$4,800 millones de CloudHQ para desarrollar seis centros de datos en Querétaro.

Durante la presentación, CloudHQ informó que el campus ocuparía aproximadamente 52 hectáreas, tendría una carga informática crítica proyectada de hasta 900 MW y que había asegurado inicialmente energía para los primeros 200 MW. La empresa también habló de una subestación privada de hasta 900 MW y de su colaboración con CFE y CENACE en infraestructura de maniobra asociada con la expansión de la red regional.

El anuncio contempló además 7,200 empleos vinculados con la construcción y al menos 900 empleos permanentes una vez concluido el proyecto.

Estas cifras permiten observar algo que normalmente permanece fuera de la conversación pública: la enorme infraestructura necesaria antes de encender el primer servidor.

Subestaciones, transmisión, transformación, terreno, permisos, interconexión, financiamiento y años de desarrollo forman parte de la economía física de “la nube”.

¿Por qué aparecen cifras diferentes?

Al revisar documentación de distintas fechas aparecen diferentes capacidades asociadas al desarrollo.

Documentos estatales de 2023 describían seis edificios con capacidades de hasta aproximadamente 48 MW IT cada uno, equivalentes a unos 288 MW IT. Posteriormente han aparecido otras cifras asociadas con el proyecto, mientras que el anuncio federal de 2025 habló de hasta 900 MW de carga informática crítica.

Esto no demuestra por sí mismo ninguna irregularidad. Puede reflejar diferencias entre carga IT, capacidad eléctrica del campus, fases del proyecto, ampliaciones posteriores o diferentes definiciones técnicas.

Sin embargo, sí demuestra por qué México necesita una mejor contabilidad pública de las megacargas.

Cuando hablamos de cientos de megawatts, la definición importa.


El discurso del Gobierno Federal también ha evolucionado

En septiembre de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum explicó que México necesita centros de datos si pretende avanzar en inteligencia artificial.

Menos de un año después introdujo un matiz relevante. En agosto de 2026 señaló que México sí necesita centros de datos para desarrollar inteligencia artificial, pero que el crecimiento del país no debe descansar necesariamente en convertirse en el centro de datos de otros lugares del mundo, debido, entre otros factores, al consumo de energía y agua.

Más que una contradicción, este cambio permite formular una pregunta de política pública mucho más interesante:

No si deben existir data centers en México, sino bajo qué condiciones conviene atraerlos.


La Productividad del Megawatt

México dispone de una cantidad finita de capacidad eléctrica confiable en determinados lugares y momentos. Por ello proponemos incorporar una nueva pregunta:

¿Qué obtiene el país por cada MW comprometido?

La Productividad del Megawatt podría analizar variables como inversión, valor agregado, empleo permanente, salarios, recaudación fiscal, exportaciones, contenido nacional, tecnología transferida, infraestructura adicional, consumo de agua, emisiones y territorio utilizado por MW.

Esto permitiría comparar actividades económicas sin caer en la simplificación de declarar que una industria es intrínsecamente “mejor” que otra.

Un megawatt puede utilizarse para fabricar automóviles, producir acero, operar una mina, fabricar semiconductores, producir hidrógeno, alimentar infraestructura urbana u operar un centro de datos.

Cada actividad genera una combinación diferente de capital, empleo, exportaciones, impuestos, agua, tecnología, infraestructura y externalidades.

Por eso, la política energética debería comenzar a preguntarse también:

¿Cuál es la huella económica de cada MW?


Follow the money: ¿dónde termina realmente la inversión?

Cuando escuchamos que un proyecto representa una “inversión de US$5,000 millones”, la cifra no cuenta toda la historia.

Conviene preguntar cuánto está anunciado, cuánto comprometido, cuánto financiado y cuánto efectivamente ejercido. Después debemos conocer qué proporción corresponde a edificios, infraestructura eléctrica, servidores, GPU, software, equipos importados, manufactura mexicana y financiamiento.

Finalmente, necesitamos saber quién cobra intereses, quién recibe las utilidades y cuánto valor permanece en México.

Porque:

inversión anunciada no significa riqueza retenida en México.

Follow the public money

El mismo ejercicio debe realizarse con los recursos públicos.

Cuando una inversión recibe terreno, infraestructura, incentivos fiscales, capacitación, carreteras, servicios, permisos o atención administrativa extraordinaria, deberíamos poder conocer el valor económico de ese apoyo.

Esto no significa que el apoyo público sea negativo. Puede ser una excelente inversión para el país.

Pero debería poder medirse.


Las 51.8 hectáreas de CloudHQ en Querétaro

La documentación legislativa de Querétaro permite observar una parte poco conocida del proyecto.

En 2023 se documentó un inmueble estatal de aproximadamente 518,470 m² —51.8 hectáreas—, cuyo avalúo oficial establecía un valor comercial cercano a 303.3 millones de pesos.

El mecanismo jurídico contempló la participación del terreno dentro de una estructura fiduciaria relacionada con el proyecto.

Por ello, sería incorrecto reducir el caso simplemente a la afirmación de que “el gobierno regaló un terreno”. La estructura documentada es más compleja.

Sin embargo, la siguiente pregunta sigue siendo válida:

¿Cuáles son exactamente los derechos económicos del Estado dentro del fideicomiso?

Para completar esa parte de la investigación sería necesario analizar el contrato integral del fideicomiso y sus modificaciones: contraprestaciones, derechos del Estado, opciones de compra, precios, obligaciones, duración y condiciones aplicables si el proyecto cambia materialmente de escala.

La ausencia pública de alguno de estos elementos no demuestra irregularidad. Significa simplemente que todavía no conocemos la fotografía económica completa.


¿Quién paga la infraestructura eléctrica?

Cuando una nueva megacarga necesita una línea, una subestación, transformación adicional, compensación reactiva o refuerzos de transmisión, aparece una pregunta fundamental:

¿Quién debe pagar?

Puede ser el desarrollador, CFE, la Federación, el estado, un consorcio de usuarios o una combinación.

La respuesta depende, entre otros factores, de quién provoca la necesidad y quién obtiene el beneficio posterior.

Cost causation: quien genera el costo extraordinario

En Estados Unidos está creciendo la discusión alrededor del principio de cost causation: que los costos extraordinarios provocados por un usuario se reflejen adecuadamente en lo que éste paga.

Virginia ofrece un caso especialmente interesante. Su regulación para grandes cargas vinculadas con data centers contempla una clase tarifaria específica, compromisos de servicio de al menos 14 años, pagos mínimos equivalentes al 85% de determinados costos de transmisión y distribución independientemente del consumo efectivo y garantías que pueden alcanzar el 60% de los cargos mínimos contractuales.

La lógica es clara.

Si el sistema construye infraestructura para una carga gigantesca que posteriormente no aparece, abandona el proyecto o utiliza una fracción de la capacidad reservada:

¿quién paga el activo sobredimensionado?


Los MW fantasma y las colas de conexión

La Agencia Internacional de Energía advierte que las colas de conexión pueden contener proyectos duplicados o especulativos. Sobrestimar la demanda puede producir activos de red subutilizados; subestimarla puede generar congestión y retrasos.

Por ello, distintas jurisdicciones están utilizando requisitos de madurez, compromisos financieros, hitos verificables y liberación progresiva de capacidad.

La pregunta para México es evidente:

¿Cuánto cuesta reservar 500 MW durante años para un proyecto que quizá nunca llegue a consumirlos?

La capacidad eléctrica también tiene costo de oportunidad.


Irlanda: una gran carga debe ayudar a traer nueva capacidad

Irlanda ofrece uno de los casos internacionales más interesantes.

Su nueva política de conexión exige, entre otras condiciones, que los nuevos data centers cubran al menos 80% de su demanda eléctrica anual mediante proyectos renovables adicionales desarrollados en Irlanda. También incorpora requisitos relacionados con generación y/o almacenamiento y considera la ubicación de la solicitud dentro de la red.

La lógica puede resumirse así:

si traes una gran carga, ayuda también a traer nueva capacidad.

Esto conduce al concepto de Bring Your Own Power.

En lugar de que un desarrollador simplemente diga “necesito 500 MW”, podría presentar una propuesta que incorpore nueva generación, almacenamiento, infraestructura y flexibilidad.

Las proporciones concretas deberían determinarse mediante estudios técnicos, no mediante una regla arbitraria. Sin embargo, el principio cambia por completo la conversación.


¿Puede un data center ayudar a la red?

Los centros de datos cuentan con UPS, baterías, generadores, sistemas de control y, en determinadas arquitecturas, cierta capacidad de administrar cargas.

Por ello, parte de sus activos podría participar en esquemas de BESS, peak shaving, respuesta a demanda, generación local, microgrids o conexiones flexibles.

La IEA estima que los esquemas de conexión no firme podrían desbloquear globalmente entre 750 y 900 GW de capacidad adicional de alojamiento en redes, aunque el potencial real depende de las condiciones específicas de cada sistema y proyecto.

Esto permite sustituir una pregunta limitada —“¿cuánto consume?”— por otra mucho más interesante:

¿qué tan útil puede ser una megacarga para el sistema cuando éste la necesita?


El agua: otro debate lleno de simplificaciones

Decir que “los data centers consumen mucha agua” es tan impreciso como afirmar que “los data centers no consumen agua”.

El consumo depende del clima, tecnología de enfriamiento, diseño, densidad, temperatura, fuente de abastecimiento, reutilización y condiciones de operación.

Algunos proyectos utilizan enfriamiento por aire con consumo directo de agua para cooling muy reducido. Otros emplean enfriamiento evaporativo o sistemas híbridos.

También debemos distinguir entre volumen autorizado y volumen realmente consumido. Una concesión indica cuánto puede utilizarse bajo determinadas condiciones; no demuestra automáticamente cuánto se utilizó.

Por eso necesitamos mejores mediciones públicas.

El acuífero también importa

Una instalación ubicada en una cuenca con disponibilidad positiva no plantea exactamente el mismo problema que una situada sobre un acuífero deficitario.

Esto sugiere otra métrica:

valor económico generado por metro cúbico de agua utilizado.

Además, energía y agua deben analizarse conjuntamente. Algunos sistemas que reducen el consumo directo de agua pueden modificar el consumo eléctrico del sistema de enfriamiento.

Optimizar una variable ignorando la otra puede trasladar el problema.


¿Los data centers provocan apagones?

Existen testimonios de habitantes de Querétaro que relacionan el crecimiento industrial y digital con deterioros percibidos en servicios eléctricos y de agua. Estas preocupaciones deben escucharse.

Sin embargo, proximidad no significa causalidad.

Para demostrar que una instalación específica provocó una interrupción sería necesario conocer topología, alimentadores, capacidad, eventos, protecciones, causas de interrupción y métricas de continuidad.

Sin esa información, atribuir un apagón concreto a un data center sería irresponsable.

Puede existir, no obstante, un problema más profundo:

que el territorio esté creciendo más rápido que su infraestructura.

Industria, vivienda, comercio y centros de datos compiten por capacidad. La pregunta relevante puede no ser quién provocó un apagón específico, sino si la infraestructura regional está creciendo al ritmo de la demanda.


La licencia social del megawatt

La percepción comunitaria cambia radicalmente dependiendo de lo que deje una inversión.

No es lo mismo decir:

“Esta instalación utilizará 500 MW.”

que explicar:

“Esta inversión ayudará a financiar nueva generación, almacenamiento, una subestación, infraestructura regional, reutilización de agua, capacitación y proveedores locales.”

De ahí surge el concepto que proponemos como Licencia Social del Megawatt.

Una megacarga puede resultar más aceptable cuando la comunidad percibe que también incrementa la capacidad del territorio.


Mega-Sustentabilidad Territorial

La evaluación ambiental tradicional del proyecto puede no ser suficiente para una instalación de cientos de megawatts.

Proponemos el concepto de Mega-Sustentabilidad Territorial: evaluar conjuntamente energía, agua, territorio, movilidad, vivienda, emisiones, infraestructura pública, resiliencia, economía y beneficio social antes de decidir dónde y bajo qué condiciones puede instalarse una megacarga.

Hoy distintas instituciones observan partes diferentes del problema. CENACE analiza la conexión eléctrica; CFE participa en infraestructura; CONAGUA observa agua; las autoridades ambientales evalúan impactos; estados y municipios intervienen en desarrollo económico y uso de suelo.

Pero falta una pregunta integradora:

¿Puede el territorio completo absorber este proyecto sin deteriorarse y, preferentemente, quedar mejor después de recibirlo?

La sustentabilidad no termina en la barda

Un data center puede presentar excelentes indicadores de PUE y WUE, utilizar energía renovable y operar con equipos eficientes.

Al mismo tiempo, su llegada puede requerir nueva transmisión, transformación, agua, vivienda, movilidad e infraestructura pública.

Por eso debemos distinguir entre:

sustentabilidad del proyecto

y

sustentabilidad incremental del territorio.


¿En qué se queda corta la discusión legislativa?

En 2026 se presentó en la Cámara de Diputados una iniciativa relacionada con los impactos ambientales de los centros de datos, incluyendo temas como eficiencia energética, monitoreo, renovables, agua, reutilización y residuos electrónicos.

Es un primer paso relevante.

Sin embargo, la discusión internacional ya está incorporando cuestiones que ocurren fuera de la instalación: adicionalidad de generación, almacenamiento, asignación de costos, garantías financieras, madurez del proyecto, flexibilidad, localización estratégica y contribución económica.

México no debería limitarse a regular la eficiencia dentro de la barda.

También necesita entender lo que sucede fuera de ella.


En lugar de regular tecnologías, regular Megacargas

Hoy hablamos de data centers. Mañana la gran carga podría provenir de hidrógeno, semiconductores, minería digital, electrocombustibles u otra industria.

Por ello proponemos estudiar una categoría tecnológicamente neutral:

Megacarga Estratégica

Sería una instalación cuyo tamaño e impacto justificaran requisitos adicionales de transparencia, garantías, planeación, infraestructura, agua, impacto territorial y beneficio económico.

No proponemos aquí un umbral definitivo. Podrían estudiarse escalones de 20, 50, 100 o 250 MW.

El principio sería:

a mayor impacto potencial, mayor nivel de información, garantías y responsabilidad.


Singapur: si la capacidad es escasa, ¿qué valor aporta el proyecto?

Singapur ofrece otra referencia útil.

En su segunda convocatoria para nueva capacidad de data centers, las propuestas son evaluadas considerando su valor estratégico, contribución económica y sostenibilidad.

Entre otros elementos, se solicita información sobre inversión fija, gasto empresarial, innovación, desarrollo de talento y contribución al ecosistema.

La lógica es sencilla:

si un recurso es escaso, importa conocer qué valor produce su asignación.


Lo que México debería exigir

Una política inteligente para megacargas podría incorporar siete principios.

Primero, cost causation. Los costos extraordinarios provocados por una megacarga deberían ser asignados adecuadamente a quien los genera.

Segundo, garantías y madurez. México debería evitar reservar grandes bloques de capacidad para proyectos que todavía carecen de suficiente madurez financiera o contractual.

Tercero, adicionalidad. Las nuevas cargas deberían ayudar a desarrollar nueva capacidad cuando su escala así lo justifique.

Cuarto, flexibilidad. BESS, generación local, administración de demanda y conexiones flexibles deberían analizarse cuando resulten técnicamente viables.

Quinto, transparencia. Conviene distinguir MW solicitados, autorizados, conectados y realmente utilizados, además de reportar indicadores relevantes de energía y agua.

Sexto, beneficio económico. Empleo, impuestos, proveedores, contenido nacional, capacitación e infraestructura deberían formar parte de la evaluación.

Séptimo, revisión ante cambios materiales de escala. Si un proyecto multiplica significativamente su demanda o impacto, debería actualizarse su evaluación territorial.


Lo que México debe ofrecer a cambio

Exigir sin ofrecer puede simplemente desplazar la inversión hacia otra jurisdicción.

México también debe competir.

Y quizá uno de sus mejores incentivos no sea una exención fiscal, sino la certeza.

El inversionista necesita saber si existen MW disponibles, dónde están, cuándo podrán entregarse, cuánto costará la conexión, qué infraestructura deberá construir, qué permisos necesita y cuánto durará el proceso.

La propuesta puede resumirse en:

energía cierta + permiso cierto + fecha cierta.

Para una inversión multimillonaria, reducir incertidumbre puede tener más valor que determinados incentivos fiscales.


Zonas Estratégicas de Infraestructura Digital

México podría identificar corredores previamente preparados con capacidad eléctrica conocida, subestaciones, fibra redundante, BESS, agua tratada, plantas de tratamiento, infraestructura vial, usos de suelo compatibles, proveedores y centros de formación.

En lugar de que el proceso sea:

“Compra el terreno y después averiguamos si existen 300 MW.”

podría ser:

“Aquí existen determinadas capacidades, bajo estas condiciones, a este costo y en esta fecha.”

Eso sería una ventaja competitiva.


La Contabilidad del Megawatt

Toda gran inversión debería permitir seguir al menos nueve flujos:

Capital: quién invierte y quién financia.

Energía: quién genera, transmite y entrega.

Infraestructura: quién construye, paga y conserva los activos.

Agua: de dónde viene y cuánto se utiliza realmente.

Fiscal: cuánto recauda cada nivel de gobierno.

Empleo: cuántos puestos son temporales, permanentes y locales.

Tecnología: cuánto conocimiento y capacidad industrial permanece.

Territorio: qué infraestructura adicional induce.

Utilidades: dónde termina el valor económico generado.

A este ejercicio lo llamamos:

La Contabilidad del Megawatt


El Estado de Cuenta del Megawatt

La información podría resumirse anualmente mediante un Estado de Cuenta del Megawatt.

México entrega capacidad eléctrica, territorio, recursos, permisos, infraestructura y certeza.

El inversionista aporta capital, infraestructura, impuestos, empleos, tecnología y, potencialmente, generación, almacenamiento y flexibilidad.

La comunidad recibe empleo, infraestructura, impuestos locales y capacitación, pero también puede soportar externalidades.

La pregunta final sería:

¿cuál fue el saldo neto para México y para el territorio que recibió la inversión?


AWS: inversión, empleo y valor económico

AWS anunció una inversión superior a US$5,000 millones durante 15 años para desarrollar su región de infraestructura en México.

El Gobierno Federal comunicó una estimación de aproximadamente US$10,000 millones de contribución al PIB durante 15 años y un promedio superior a 7,000 empleos anuales asociados con la inversión.

Estas cifras deben interpretarse correctamente. No significan que existan 7,000 trabajadores permanentes dentro de un data center. La estimación comprende actividad económica y empleos respaldados directa e indirectamente alrededor de la inversión.

La distinción es importante porque vuelve a conducirnos a la misma pregunta:

¿dónde termina realmente cada dólar invertido?


Follow the compute

Dentro del centro de datos existen GPU, CPU, servidores, memoria, networking, storage y software. Una parte importante de esos componentes pertenece a cadenas globales.

Por ello, además de seguir el dinero debemos:

seguir el cómputo.

¿Cuánto valor mexicano existe dentro de cada MW digital?

México ya participa de manera importante en la manufactura de servidores y equipos de procesamiento de datos. Por ello, el país no necesariamente debe limitarse a alojar centros de datos.

Puede utilizar su crecimiento para desarrollar manufactura, componentes, electrónica de potencia, enfriamiento, transformadores, switchgear, BESS, cableado, sensores, software e ingeniería.


De nearshoring a nearcomputing

La industria automotriz ofrece una lección interesante.

México no construyó su ecosistema únicamente ensamblando vehículos. Con el tiempo desarrolló proveedores Tier 1 y Tier 2, electrónica, herramentales, arneses, logística, ingeniería y talento.

La pregunta es si puede ocurrir algo similar alrededor de la infraestructura digital.

México podría pasar de hablar solamente de:

nearshoring

a desarrollar también:

nearcomputing.

Computación cercana al mayor mercado tecnológico del mundo, acompañada por manufactura, ingeniería, energía, almacenamiento e infraestructura.


Retención Nacional del Megawatt

Para medir ese avance proponemos otra métrica:

Retención Nacional del Megawatt — RNM

Por cada 100 pesos movilizados alrededor de un MW digital:

¿cuántos permanecen en México?

Podrían sumarse salarios, compras nacionales, impuestos, servicios, ingeniería, manufactura y mantenimiento; y observarse separadamente importaciones, licencias, intereses, regalías, dividendos y otros flujos hacia el exterior.

No se trata de impedir las cadenas globales.

Se trata de aumentar el valor mexicano dentro de ellas.


¿Para quién computa México?

Un centro de datos ubicado en México puede atender empresas mexicanas, usuarios latinoamericanos, operaciones estadounidenses, inteligencia artificial global o servicios internos de multinacionales.

No existe nada intrínsecamente negativo en exportar capacidad computacional. México ya utiliza recursos nacionales para producir automóviles, electrónica, alimentos y servicios destinados al exterior.

Por eso, la pregunta correcta no es si el comprador es extranjero.

Es:

¿cuánto valor mexicano se genera por cada unidad de recurso nacional utilizado?

Exportar cómputo puede ser extraordinariamente valioso si simultáneamente genera infraestructura, impuestos, manufactura, proveedores, tecnología y talento.

El balance cambia cuando coinciden recursos escasos, costos socializados, poco contenido nacional, poco empleo y escasa infraestructura heredada.


Valor Nacional Neto del Megawatt

Podemos resumir conceptualmente el análisis mediante otra propuesta:

Valor Nacional Neto del MW =

inversión retenida

  • impuestos netos
  • empleo
  • infraestructura heredada
  • tecnología
  • capacidad eléctrica adicional
  • exportaciones

menos:

incentivos

  • infraestructura pública inducida
  • externalidades
  • impactos hídricos y ambientales
  • riesgo sistémico
  • costo de oportunidad.

No pretende ser todavía una fórmula regulatoria.

Pretende ayudarnos a formular mejores preguntas.


¿El data center paga su ciudad?

Una megacarga puede inducir necesidades de carreteras, subestaciones, agua, drenaje, fibra, vivienda, servicios, protección civil y movilidad.

Por eso debemos preguntar:

¿el proyecto genera suficiente valor territorial para compensar la infraestructura que induce?

De aquí surge el principio de Adicionalidad Territorial:

una gran inversión debería dejar al territorio con mayor capacidad que antes de recibirla.

No solamente capacidad eléctrica, sino también hídrica, fiscal, tecnológica, laboral, ambiental y social.


La oportunidad industrial para México

La expansión de los data centers en México representa algo más amplio que un nuevo mercado para equipos eléctricos.

Representa la aparición de una categoría de infraestructura crítica donde convergen potencia, protección, almacenamiento, medición, automatización, telecomunicaciones, calidad de energía y monitoreo de condición.

Antes de que la electricidad llegue al servidor existe una cadena formada por transformadores, tableros, seccionadores de media tensión, protecciones, sistemas de medición, UPS, BESS, comunicaciones y SCADA.

Además, la confiabilidad no termina cuando la instalación entra en operación. Transformadores, UPS, baterías, switchgear, generadores y sistemas de enfriamiento pueden integrarse a estrategias de mantenimiento predictivo y monitoreo de condición.

La oportunidad para México consiste en desarrollar una cadena industrial alrededor de:

transformadores;

switchgear;

tableros;

protecciones;

BESS;

UPS;

busway;

conductores;

cooling;

SCADA;

fibra;

sensores;

ingeniería;

EPC;

mantenimiento.

La pregunta industrial es:

¿cómo aumentamos el contenido mexicano de cada MW digital instalado?


El papel de iTepeyac

Para iTepeyac, esta conversación no comienza preguntando qué equipo puede venderse.

Comienza preguntando:

¿qué problema eléctrico debe resolverse?

Capacidad.

Confiabilidad.

Redundancia.

Protección.

Calidad de energía.

Visibilidad.

Flexibilidad.

Condición de los activos.

Nuestra experiencia en infraestructura eléctrica, media tensión, transformación, protección, medición, automatización, telecomunicaciones, BESS y monitoreo de condición nos permite participar en esa conversación desde la ingeniería y la integración de tecnologías.

Pero la tesis central de esta investigación es mucho mayor que cualquier producto o fabricante:

México tiene la oportunidad de utilizar el crecimiento de la infraestructura digital para desarrollar también infraestructura eléctrica, ingeniería, manufactura, tecnología y conocimiento nacional.


Un contrato social, eléctrico y territorial del megawatt

Podemos resumir buena parte de esta investigación mediante una idea:

Contrato Social, Eléctrico y Territorial del Megawatt

Si México entrega capacidad eléctrica escasa, territorio, recursos, permisos y certeza, ¿qué debe aportar el inversionista?

Y, simultáneamente:

¿qué debe garantizar México para que esa inversión quiera venir?

La relación debe funcionar en ambos sentidos.

México puede ofrecer ubicación, T-MEC, manufactura, ingeniería, talento, mercado, cercanía con Estados Unidos y una cadena industrial desarrollada.

A cambio puede buscar infraestructura adicional, asignación adecuada de costos extraordinarios, garantías, transparencia, uso responsable del agua, flexibilidad, beneficio local, contenido nacional, capacitación y tecnología.

No para impedir la inversión.

Para hacerla sostenible y competitiva.


Tres falsos dilemas

México no necesita escoger entre inversión o comunidad. Una buena política debería buscar:

inversión + infraestructura + comunidad.

Tampoco necesita escoger entre data centers o manufactura. Puede desarrollar:

data centers + manufactura.

Y tampoco debería plantearse una oposición entre data centers y red eléctrica.

La pregunta debería ser:

¿cómo logramos que cada nueva megacarga ayude también a financiar y modernizar la infraestructura eléctrica que México necesita?


El experimento de 1 GW

Imaginemos que México dispone de 1 GW adicional de capacidad.

Un GW operando continuamente durante un año equivale a 8.76 TWh. A un factor de carga de 85%, serían aproximadamente 7.45 TWh anuales.

¿Qué actividad produce mayor valor agregado, recaudación, empleo, exportación, tecnología e infraestructura por esa energía?

Éste debería convertirse en un ejercicio habitual de política industrial.

Sin embargo, quizá la mejor respuesta no sea escoger entre data centers y manufactura.

Puede ser:

que cada nuevo GW digital ayude también a crear manufactura.

Transformadores, switchgear, BESS, enfriamiento, servidores, electrónica de potencia, ingeniería, software y servicios.

Entonces el MW digital multiplica su impacto.


Un Registro Nacional de Megacargas

México podría crear un registro público que, protegiendo información comercial y de ciberseguridad, permita conocer:

promotor;

ubicación;

MW solicitados;

MW autorizados;

MW conectados;

consumo real;

infraestructura inducida;

quién la pagó;

agua;

CAPEX;

empleos;

incentivos;

impuestos;

contenido nacional;

BESS;

generación;

cumplimiento.

Esto elevaría radicalmente la calidad del debate.


Lo que todavía no sabemos

Después de revisar documentos, anuncios, estudios y declaraciones siguen existiendo preguntas importantes.

¿Cuánto costó exactamente cada infraestructura eléctrica?

¿Quién es propietario de cada activo?

¿Cuánta capacidad quedó disponible para terceros?

¿Cuánto CAPEX fue efectivamente ejercido?

¿Cuánto se importó y cuánto permaneció en México?

¿Cuánta agua se consume realmente?

¿Cuánto recauda cada municipio?

¿Cuánto apoyo público recibió cada proyecto?

¿Cuánto cómputo atiende demanda mexicana y cuánto se exporta?

No conocer estas respuestas no significa que exista algo incorrecto.

Significa:

necesitamos mejores datos.


Preguntas que México debería empezar a responder

Para los legisladores

¿Estamos regulando únicamente eficiencia dentro del data center o también su impacto territorial? ¿Quién paga la infraestructura inducida? ¿Cómo evitamos MW especulativos? ¿Qué garantías deberían existir? ¿Cómo protegemos a los usuarios existentes sin perder competitividad?

Para gobernadores y municipios

¿Cuánto recibe realmente el territorio? ¿Cuánto cuesta atender la inversión? ¿Cuántos empleos permanentes genera? ¿Cuánto recauda localmente? ¿Qué infraestructura permanece después de veinte años?

Para CFE y CENACE

¿Cuántos MW adicionales pueden conectarse, dónde, cuándo y bajo qué condiciones? ¿Qué obras requieren? ¿Quién debe pagarlas? ¿Qué papel pueden desempeñar BESS, flexibilidad y conexiones no firmes?

Para la industria

¿Cuánta infraestructura adicional está dispuesta a financiar? ¿Cuánta generación, almacenamiento y flexibilidad puede incorporar? ¿Cuánto contenido nacional, capacitación y desarrollo de proveedores puede producir?

Para las comunidades

¿Qué tendría que dejar una megainversión para ser percibida como un beneficio real?

La respuesta puede incluir mejor infraestructura, empleo, capacitación, agua, impuestos locales, movilidad y proveedores.

Y puede variar por región.


La pregunta final: ¿qué papel quiere jugar México?

México no necesita decidir simplemente si quiere o no centros de datos.

La economía digital crecerá.

La inteligencia artificial crecerá.

La demanda de cómputo crecerá.

La verdadera decisión es:

¿qué papel quiere jugar México?

¿Proveedor de terreno y electricidad?

¿Plataforma de alojamiento?

¿Exportador de capacidad computacional?

¿Fabricante de infraestructura digital?

¿Centro de ingeniería?

¿Proveedor de tecnología?

¿Todo lo anterior?


¿Bajo qué condiciones sí?

Después de seguir energía, agua, territorio, dinero, infraestructura, empleo, servidores y regulación, creemos que la pregunta correcta no es:

DATA CENTERS SÍ

contra

DATA CENTERS NO.

La pregunta útil es:

¿BAJO QUÉ CONDICIONES SÍ?

Si una megacarga paga adecuadamente los costos extraordinarios que genera; ayuda a crear nueva capacidad; incorpora almacenamiento y flexibilidad cuando resulte viable; protege a los usuarios existentes; utiliza responsablemente los recursos; desarrolla infraestructura; genera impuestos; forma talento; incorpora proveedores mexicanos; aumenta el contenido nacional y deja al territorio con mayor capacidad que antes, entonces puede convertirse en algo mucho más importante que un edificio lleno de servidores.

Puede convertirse en:

infraestructura estratégica.


Continuemos el debate

Esta investigación no pretende tener la última palabra.

Si trabaja en centros de datos, CFE, CENACE, energía, almacenamiento, agua, infraestructura, regulación, academia, inversión, desarrollo urbano o tecnología y cuenta con información que complemente —o contradiga— alguna de las conclusiones de este artículo, nos interesa conocerla.

Agradecemos especialmente datos, documentos públicos, correcciones, experiencias en proyectos reales, casos internacionales y perspectivas diferentes. Cuando sea posible, agradeceremos acompañar cifras o correcciones con su fuente correspondiente.

La conversación continúa en LinkedIn

Puede contactar a Rodrigo Fuentes — iTepeyac a través de LinkedIn y hacer referencia a:

“La batalla por los megawatts: data centers, energía y el futuro digital de México”.

La intención no es construir una narrativa a favor o en contra de los centros de datos.

Es construir una conversación mejor informada sobre una pregunta que México tendrá que responder cada vez con mayor frecuencia:

¿BAJO QUÉ CONDICIONES SÍ?


Sobre iTepeyac

iTepeyac desarrolla y suministra soluciones para infraestructura eléctrica crítica, media tensión, transformación, protección, medición, automatización, telecomunicaciones, calidad de energía, almacenamiento BESS y monitoreo de condición.

En proyectos de infraestructura digital nuestra aproximación parte del problema técnico —capacidad, continuidad, protección, calidad de energía, visibilidad y resiliencia— antes de determinar qué arquitectura o tecnología resulta apropiada.

iTepeyac® — The Smart Grid for the Smart City


Fuentes y documentación

Para facilitar la revisión de esta investigación, recomendamos consultar directamente las fuentes primarias y documentos utilizados:

Gobierno de México — CloudHQ y los seis centros de datos en Querétaro
Anuncio de inversión, empleos, superficie y características generales del proyecto.

Presidencia de la República — Conferencia del 25 de septiembre de 2025
Presentación de CloudHQ: 900 MW de carga informática crítica, primeros 200 MW asegurados, infraestructura eléctrica y características del campus.

Presidencia de la República — Conferencia del 18 de agosto de 2026
Posición de Claudia Sheinbaum sobre centros de datos, inteligencia artificial, energía y agua.

Legislatura del Estado de Querétaro — Gaceta Legislativa No. 059
Documentación sobre el predio de aproximadamente 51.8 hectáreas y la estructura jurídica relacionada con el proyecto.

CENACE — Conexión de Centros de Carga
Información sobre procesos y solicitudes de conexión al Sistema Eléctrico Nacional.

CFE — Infraestructura de transmisión
Información sobre proyectos de expansión y fortalecimiento de la red.

International Energy Agency — Powering Artificial Intelligence (2026)
Análisis internacional de políticas para integrar data centers a los sistemas eléctricos, colas de conexión, flexibilidad y asignación de costos.

Commission for Regulation of Utilities — Irlanda
Nueva política de conexión para centros de datos, adicionalidad renovable, generación, almacenamiento y localización.

Virginia State Corporation Commission
Regulación para grandes cargas y mecanismos destinados a evitar transferencia de costos hacia otros consumidores.

IMDA / EDB Singapore
Criterios estratégicos, económicos y ambientales utilizados para asignar nueva capacidad a centros de datos.

Gobierno de México / AWS
Información sobre la inversión de AWS en su región de infraestructura de México y estimaciones de impacto económico.

CONAGUA
Disponibilidad de acuíferos y Registro Público de Derechos de Agua.

iTepeyac — Data centers y energía
Análisis técnico complementario sobre PUE, UPS, calidad de energía y arquitectura eléctrica de centros de datos.

iTepeyac — Almacenamiento de energía BESS
Aplicaciones de almacenamiento para infraestructura crítica y grandes centros de carga.


Nota editorial

Esta investigación se elaboró con información pública disponible al momento de su publicación. Algunos proyectos se encuentran en diferentes etapas de anuncio, planeación, financiamiento, construcción u operación.

Por ello, a lo largo del análisis resulta fundamental distinguir entre:

MW anunciados, solicitados, autorizados, conectados y efectivamente consumidos, así como entre inversión anunciada, comprometida, financiada y efectivamente ejercida.

iTepeyac actualizará esta investigación cuando nueva información pública permita precisar o corregir sus conclusiones.